Rio por no llorar aunque ya no queden lágrimas. La tarde parece que no va a acabar. Aún me cuesta acostumbrarme a esta realidad... Tal vez duela más, saber que sola te perdi saber que no te tengo por orgullo, porque no aprendí a decírtelo y ahora que me haces falta estás tan lejos de mi voz que no vale la pena ni contarte que sentíamos lo mismo los dos y que no lo supimos ver por orgullo.
A veces prefiero pensar que eres tu el culpable de este mal: no entiendo como no pudiste adivinar que rozarte con mis manos no es casualidad... ¿a quien quiero engañar?
Porque no aprendiste a estar solo alguna vez, porque empecé a creer que estarias siempre aqui, no me importaba y me di cuenta al final no puede ser.
Rio por no llorar aunque ya no queden lágrimas...

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