Él contestó que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer que vivía allí . También dijo que su mujer llevaba algún tiempo en ese lugar y que tenía un Alzheimer muy avanzado.
Mientras la enfermera acababa de vendar la herida, le preguntó si ella, su mujer, se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.
-No.-contestó- Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.
Entonces la enfermera le preguntó extrañada:
... -Y si ya no sabe quién es usted,¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?
El señor sonrió y dándole una palmadita en la mano dijo:
-"Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella".
La enferemera tuvo que contenerse las lágrimas y mientras el anciano salía de la consulta pensó:
-"Esa es la clase de amor que quiero para mi vida. El verdadero amor no se reduce a lo físico ni a lo romántico. El verdadero amor es la aceptación de todo lo que el otro es, de lo que ha sido, de lo que será y de lo que ya no es."
Muchas veces llegamos a querer hasta un límite inimaginable, hasta creer haberlo superado todo, hasta pensar que es imposible querer más de lo que uno a querido. Todos, alguna vez, sentiremos esta sensación. Unas veces será correspondido, otras no, pero, como me dijeron la semana pasada: Nunca te arrepientas de nada, haz lo que tu creas que es lo mejor, y si alguna vez fallas, tómatelo como un simple error y saca el lado positivo. Todo eso te hará aumentar tu experiencia de la vida y te ayudará a saber después por quien dar más y por quien dar menos.
Es admirable como una persona puede continuar queriendo después de saber que la otra persona ni siquiera se acuerda de su nombre.
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